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Crisis sanitaria, no crisis en transparencia

Esperanza Zambrano, subdirectora general de Reclamaciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno.
Esperanza Zambrano

En estos días en que millones de españoles nos encontramos confinados en nuestras casas como consecuencia del estado de alarma declarado por la crisis sanitaria de la covid-19, no podemos dejar de pensar en la importancia de estar debidamente informados del desarrollo y evolución de esta pandemia. La transparencia, más que nunca, es un factor clave no solo para ayudar a los ciudadanos a protegerse del virus —y de ahí la insistencia de las campañas informativas institucionales que emiten todos los medios de comunicación— sino también para que nuestros responsables públicos nos generen confianza en sus acciones y en que la superación de la crisis es posible y está cerca.

La información a los ciudadanos es esencial para evitar la proliferación de bulos que con tanta frecuencia se difunden estos días por redes sociales y Whatsapp, pero entiendo que también es importante el envío de mensajes claros, coordinados entre los departamentos responsables y expresados en un lenguaje entendible para todos los destinatarios. No hay nada más potente contra los bulos o fake news que la veracidad y claridad en el mensaje. Si sabemos que existe información pública clara y veraz y dónde es posible obtenerla, podremos combatir la desinformación que se propaga por las redes y que solo nos confunde y desorienta.

También vemos estos días cómo proliferan las comparecencias de diferentes responsables públicos de distinto nivel que aportan datos y cifras e informan de las medidas que están siendo adoptadas por sus Departamentos. En mi opinión, la necesaria transparencia en la evolución de la situación y en las actuaciones que se están llevando a cabo no debería conllevar un exceso de datos e información que, inevitablemente, contribuya a la confusión y a posibles contradicciones. Como apuntaba en esta misma web hace unas semanas, transparencia no siempre se traduce en proporcionar mucha información, sino en hacerlo de forma clara, estructurada, entendible y, teniendo en cuenta la situación que ahora acontece en nuestro país, yo diría que adaptada a las circunstancias a las que la información va referida.

Esta crisis pasará y, aunque sus consecuencias perdurarán, esperemos que una de ellas no sea que se resienta la necesaria rendición de cuentas por la actuación pública»

La claridad en la información que se aporta es esencial para que sea comprensible por sus destinatarios. Comprobamos estos días cómo organizaciones vinculadas a la transparencia y al acceso a la información han puesto en marcha iniciativas para traducir a un lenguaje claro las medidas adoptadas por el Gobierno. La Fundación CIVIO es un ejemplo de ello y resultan muy interesante las fichas que publica en su página web sobre las medidas que se han aprobado relativas al coronavirus. Este ejercicio, aparentemente sencillo, no ha sido realizado por nuestras autoridades sino por organizaciones de la sociedad civil comprometidas con la transparencia en las decisiones públicas, fundamental más aún en estos momentos para aportar confianza y seguridad jurídica.

Pero transparencia es también proporcionar información de interés a la ciudadanía y no solo aquella que desde el poder público —según criterios que no tienen que coincidir, y en muchas ocasiones no lo hace, con los de los ciudadanos— se considera relevante. Buenos ejemplos proliferan estos días pero me parece especialmente destacable el trabajo que está realizando la Junta de Castilla y León, a través de su Dirección General de Transparencia y Gobierno Abierto, al aportar en formato de datos abiertos información sobre la evolución de la epidemia en su territorio (incidencia por tramo de edad, por tramo de edad y sexo, en los servicios de atención primaria, etc.) así como otros datos relacionados o vinculados a la pandemia, como son los relativos a los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) que se han presentado motivados por la covid-19.

El estado de alarma decretado tiene también otras repercusiones, quizás a las que la ciudadanía en general es más ajena pero no por ello son menos importantes. Así, desde el 14 de marzo, los plazos administrativos y procesales —salvo los vinculados con la adopción de medidas derivadas del estado de alarma o los procedimientos judiciales relacionados, básicamente,  con la protección de derechos y libertades fundamentales— se encuentran suspendidos. Esta suspensión, en relación con el ejercicio del derecho de acceso a la información pública reconocido en la Ley de Transparencia, tiene una implicación fundamental: el plazo para resolver una solicitud de acceso queda interrumpido desde el 14 de marzo hasta el 11 de abril, fecha —al menos de momento— hasta la que se prolongará el estado de alarma. Con ello, cualquier solicitud de acceso a la información que se plantee estos días sobre decisiones públicas relacionadas con la crisis de la covid-19 tendrá una respuesta, como pronto, en el mes de mayo. Una fecha que, claramente, no se corresponde con la necesidad inmediata de transparencia que necesita esta situación y que se ve agravada por la ausencia de un ejercicio generalizado de transparencia proactiva de información de interés.

Aunque el confinamiento hace imposible el normal desarrollo del trabajo, sería deseable una identificación de las solicitudes vinculadas a esta crisis y darles prioridad en la respuesta»

Por ello, y aunque el confinamiento que se deriva del estado de alarma hace incompatible el normal desarrollo del trabajo vinculado a dar respuesta a una solicitud de información, sí entiendo que sería deseable una identificación de las solicitudes vinculadas a esta crisis y darles prioridad en la respuesta. Y esperemos que esta respuesta haga real la máxima expresada en el Preámbulo de la Ley de Transparencia: «La transparencia, el acceso a la información pública y las normas de buen gobierno deben ser los ejes fundamentales de toda acción política (…). Permitiendo una mejor fiscalización de la actividad pública se contribuye a la necesaria regeneración democrática, se promueve la eficiencia y eficacia del Estado y se favorece el crecimiento económico».

Esta crisis pasará y, aunque sus consecuencias aún perdurarán, esperemos que una de ellas no sea que se resienta la necesaria rendición de cuentas por la actuación pública, más aún cuando están vinculadas a una cuestión de interés general como es la salud pública.

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Esperanza Zambrano Gómez es subdirectora general de Reclamaciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG).

Aprovecha la cuarentena: cursos gratuitos ‘on line’ de datos, visualización, podcast…

El confinamiento puede ser duro pero también puede convertirse en una oportunidad para dedicar tiempo a los cursos que de forma gratuita se están ofertando, por ejemplo, desde algunas de las universidades más prestigiosas del mundo. Son los llamados MOOCs (Massive Open Online Courses, por sus siglas en inglés).

Además, el New York Times, que está siguiendo un intenso programa de formación en periodismo de datos extensivo a todos sus redactores en cursos de tres semanas, sabiendo que no todos los medios pueden contar con los mismos recursos para hacer algo similar, ha decidido liberar una importante cantidad del material que se usa o que se ha generado durante las diferentes rondas de los cursos.

Más información aquí.

MOOC

Brown, Harvard, Cornell, Princeton, Dartmouth, Yale, Columbia, Pensilvania ofrecen cursos on line gratuitos de todo tipo de disciplinas: programación, ciencias de los datos, humanidades, arte y diseño, salud y medicina. Los cursos son gratuitos en cuanto a su seguimiento pero añaden la posibilidad de lograr además un certificado por una cantidad que oscila de media entre los 40 y los 100 dólares. Por citar algunos ejemplos que pueden resultar especialmente interesantes para periodistas de investigación y datos:

Python para Investigación, Universidad de Harvard.


Ciencia de los datos: fundamentos de R, Universidad de Harvard.


Estadística para ciencia de los datos, Universidad de Columbia.


Ciencia de los datos: visualización, Universidad de Harvard.



Y en esta página de freecodecamp.org puedes encontrar una recopilación de una larga lista de estos cursos ofrecidos por prestigiosas universidades.

Laboratorio de Periodismo

Por otro lado, los compañeros de Laboratorio de Periodismo están haciendo otra interesante recopilación de cursos, algunos de los cuales se celebraron en tiempo real pero han quedado ahora a disposición de quien quiera retomarlos aprovechando estas semanas. Aquí el enlace.

Algunos ejemplos:
Periodismo de datos y visualización con herramientas gratuitas.
(Alberto Cairo, Simon Rogers y otros).


Radio para internet con Podcast: creación y conceptos básicos.
(Universidad Politécnica de Valencia).


Newsletter para periódicos: estrategia y casos de éxito.
(Lluís Cucarella).

Sembramedia.org

Igualmente, Sembramedia.org tiene una recopilación de cursos on line que incluyen opciones tan interesantes como la escuela de Radio Ambulante: http://escuelaradioambulante.org/

Son sólo algunas propuestas de cursos en abierto que podemos seguir estas semanas de confinamiento en casa mientras contribuimos a contener el Covid-19.

Libros.com

La editorial Libros.com también ha decidido facilitar las descargas de su colección, entre los que se encuentra una línea dedicada al periodismo de investigación. Los interesados pueden acceder a las obras de este sello en el siguiente enlace: https://libros.com/listas/libros-digitales-liberados/

En periodismo no vale todo

Por su interés informativo, reproducimos el artículo que Antonio Rubio, presidente de la Asociación de Periodistas de Investigación (API), publicó en El Mundo el pasado 3 de febrero.

Gabriel García Márquez dijo en una ocasión que «una primicia no la da quien primero la pública, la da quien primero la cuenta con exactitud». Y otro maestro de la talla del anterior, Albert Camus, avisó que «lo importante no es ser primero, lo importante es ser el mejor». Los dos fueron periodistas y premios Nobel.

En octubre de 2017, cuando era vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), organizamos unas jornadas de debate en CaixaFòrum cuyo título era: ‘Volver al periodismo, clave del futuro de la profesión’.

En uno de esos encuentros el tema central fue Medios digitales: la transformación digital, un reto pendiente de resolver. Capacidades de gestión y creación de contenidos informativos. Aquel día, uno de los ponentes defendió y argumentó que «lo importante es publicar el primero, como sea, y después ya iremos adaptando y actualizando».

La filosofía que rige en un sector significativo de los medios de comunicación no tiene nada que ver con lo que estudié, practico, enseño y defendemos en la API a través del Código de Buenas Prácticas»

El pasado 27 de enero, dos referentes del periodismo mundial como John Witherow, director de The Times, y Martin Baron, de The Washington Post, recibieron el premio de Periodismo Internacional de El Mundo. Y tuvieron una charla-coloquio con los profesionales de Unidad Editorial y los alumnos de los másteres de Periodismo y de Periodismo de Investigación y Datos y los dos coincidieron con los planteamientos de Albert Camus y García Márquez: «Lo importante es la calidad, la excelencia y la profundidad».

Entre el ayer y el hoy, el Periodismo ha vivido múltiples transformaciones técnicas, pero lo que no podemos cambiar ni debemos olvidar, nunca, es la máxima que encabezaba aquellas jornadas: «Volver al Periodismo, clave del futuro de la profesión». Y lo que nos han recordado Witherow y Baron: «Calidad y profundidad».

El «como sea» de aquella reflexión periodística me hizo pensar, primero, y, después, despertar del sueño que había vivido durante muchos años de profesión y docente. Supe y reparé que la filosofía que rige en un sector significativo de los medios de comunicación no tiene nada que ver con lo que estudié, practico, enseño y defendemos en la Asociación de Periodistas de Investigación (API) a través del Código de Buenas Prácticas.

Algunos piensan que «en Periodismo vale todo» si eso te lleva a tener más clic, más audiencia. Otros pensamos, consideramos y defendemos que «en Periodismo no vale todo» y que es importante «documentar, acreditar, verificar y practicar la diligencia informativa» hasta los extremos o límites que la «verdad periodística», que no la verdad absoluta, te lo permite.

En la actualidad se habla de fake news, de noticias falsas. No es cierto, lo que hay y existe es «desinformación». Además, los ciudadanos/lectores han perdido su capacidad de lectura reflexiva (entiéndase también telespectadores, radioyentes y otros…). Hoy, tristemente, en los medios de comunicación priman dos cuestiones fundamentales: dinero e ideología. Y se nota la ausencia de otras dos: profesionalidad y ética.

Cada día es más fácil ver cómo algunos mal llamados periodistas cortan y pegan noticias de otros sin citar y además manipulan y adaptan. Falta la figura del editor que debería contrastar y verificar»

Un número importante de medios buscan los clics como sea y al precio que sea porque eso son ingresos. Y en la segunda se busca proporcionar a tu audiencia ideológica lo que quieren leer aunque la realidad sea otra. En España lo hemos visto y vivido tanto en el 11-M en Madrid como en los atentados del 17-A en Barcelona.

Cada día es más fácil ver cómo algunos mal llamados periodistas cortan y pegan noticias de otros sin citar y además manipulan y adaptan. Y ahí falta la figura del editor que debería contrastar y verificar. Ese editor, que debería ser un profesional con experiencia y demostrada capacidad, está desapareciendo de las redacciones porque es caro y los empresarios buscan resultados y no calidad. Y, por último, la ética. Algunos, incluso, se preguntan qué es eso. Falta y mucha.

Llegado a este punto, el de la desinformación y la falta de rigor, hay que recuperar y recordar a otros dos grandes del Periodismo: Daniel Santoro (Argentina) y Jorge Cardona (Colombia). Santoro, maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), periodista de investigación y escritor, nos recuerda: «La atribución de fuentes permite que el lector conozca la procedencia de la información. Citar la fuente da credibilidad y honestidad intelectual».

Jorge Cardona, periodista, filósofo, editor de El Espectador y docente, señala que «la gran debilidad del Periodismo es la memoria». Y va aún más lejos: «Mi sueño es un periodismo lleno de memoria. Cuando yo insisto tanto en el contexto es por la memoria». Cardona es autor de la obra Días de memoria.

No todo es negativo. Hay profesionales comprometidos que levantan la bandera del buen periodismo y señalan a los que practican e intentan hacer dinero con la ‘desinformación’ o fake news«.

Pero no todo es negativo. Afortunadamente, y ante esa situación de «todo vale», han surgido movimientos y profesionales comprometidos que levantan la bandera del buen periodismo y señalan a los que practican e intentan hacer dinero con la «desinformación» o fake news.

En España tenemos a Maldita.es («Periodismo para que no te la cuelen»), un excelente portal de un grupo de jóvenes emprendedores, encabezados por Clara Jiménez y Julio Montes. La mayoría de ese equipo se formó en el Máster de Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de El Mundo y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). En la misma línea que Maldita.es está Newtral y al frente de ella una periodista de referencia, Ana Pastor. Esta plataforma y productora, en la que también está la semilla del Máster, se dedica -entre otros temas- a la verificación de noticias y datos (fact-checking) y ha puesto en marcha una línea de investigación e inteligencia artificial.

También es interesante recordar y leer al profesor Raúl Magallón, de la Universidad Carlos III, que ha publicado un interesante estudio/libro sobre «Cómo combatir la desinformación. Un faking news«.

Para combatir la «desinformación», fake news, la falta de «memoria y de citas» y ese argumento de que «en periodismo vale todo» hay dos excelentes antídotos: «Formar para informar» (filosofía de los másteres que dirijo) y el «Código de Buenas Prácticas de la Asociación Periodistas Investigación (API)».

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Antonio Rubio es presidente de la Asociación de Periodistas de Investigación (API), doctor y director de los másteres El Mundo/CEU y Periodismo Investigación y Datos/URJC.

Aplazado el II Congreso de Periodismo Local por el coronavirus

La organización del II Congreso de Periodismo Local ha confirmado el aplazamiento de la cita, que iba a celebrarse los días 26 y 27 de marzo en Arteixo (A Coruña), debido a la crisis del coronavirus. Ahora se buscan fechas alternativas para que el encuentro pueda celebrarse.

Co-organizado por La Voz de Galicia y la Asociación de Periodistas de Investigación (API), con Google News Initiative y Abanca como patrocinadores, el congreso había despertado un gran interés entre profesionales de la información y estudiantes de Periodismo. De ello da fe el hecho de que más de 300 personas -muchas de fuera de Galicia- habían formalizado su inscripción para asistir a las distintas ponencias, algunas a impartir por miembros de la API.

La cancelación se ha producido después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) diera la consideración de pandemia al Covid-19 y cuando las autoridades sanitarias españolas han endurecido las medidas restrictivas en un intento de contener la propagación del virus. Haber mantenido la celebración en las fechas entrañaba un riesgo innecesario.

A la espera de que se fije una nueva fecha, el II Congreso de Periodismo Local -la primera edición se desarrolló en Cádiz en diciembre de 2018- sigue los pasos del XXI Congreso de Periodismo Digital, anunciado para esta semana en Huesca y que se ha pospuesto a finales de octubre por la misma circunstancia.

Buenas noticias desde el Supremo

Esperanza Zambrano, subdirectora general de Reclamaciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno.
Esperanza Zambrano

Estos días hemos recibido una buena noticia, de esas que abundan cada vez menos en el ámbito de la transparencia, en forma de sentencia del Tribunal Supremo. Por segunda vez  −dos casos de dos en los que el Alto Tribunal ha conocido de recursos frente a resoluciones dictadas por el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG)− el Tribunal Supremo ha realizado una interpretación amplia del derecho de acceso a la información y ha restringido la potestad de la Administración para limitar la transparencia pública.

El caso que estos días ha finalizado se remonta a 2015, cuando una organización de la sociedad civil (la Fundación Civio) presentó una solicitud de información dirigida al Ministerio de Defensa para conocer los acompañantes de autoridades en viajes oficiales. La solicitud se remontaba a información a partir de 1976 o «desde el momento en que los datos empezaran a registrarse». Ante la negativa a proporcionar la información, la entidad solicitante recurrió al CTBG, donde analizamos el tipo de información que se solicitaba −no hay que olvidar que, al pedir la identificación de pasajeros de vuelos oficiales y más allá de las autoridades/altos cargos que viajaran, se está solicitando información de carácter personal− y el encaje que la misma tenía dentro de la finalidad de conocimiento de las decisiones públicas, rendición de cuentas y control del uso de fondos públicos en los que se basa la Ley de Transparencia.

Nuestra conclusión fue clara: se trataba de controlar la actuación pública y el uso de fondos públicos a través del conocimiento del número e identidad de los acompañantes de altos cargos en vuelos oficiales, por lo que el interés público prima sobre el privado en la protección de sus datos de carácter personal. No hay que olvidar que, aunque pensemos en acompañantes tales como, por ejemplo, miembros del Gabinete, periodistas o empresarios, no puede descartarse la participación de personas ajenas al objeto del viaje ni el hecho de que los desplazamientos se realizan por el Grupo 45 de la Fuerza Aérea española, cuya única función es el desplazamiento de autoridades.

Si bien el ejercicio del derecho solo puede realizarse a partir de la entrada en vigor de la ley, su objeto puede referirse a cualquier información que tenga la Administración

La resolución del CTBG solo fijaba dos limitaciones las referidas a vuelos que tuvieran naturaleza clasificada (una clasificación expresa y no general) y los datos personales de los miembros de la tripulación y del personal de seguridad. Las razones de tales limitaciones eran razonables: si se trataba de vuelos clasificados, el propio Ministerio de Defensa desconoce sus ocupantes y, por otro lado, el derecho a la protección de datos de los tripulantes y el personal de seguridad −que se encuentran entre el pasaje como parte de su trabajo−  debe prevalecer por cuanto, como decimos, realizan el vuelo como parte de las funciones encomendadas, sin que exista un interés público en que se conozca su identidad. Identidad que, además, en el caso del personal de seguridad, podría producirles un perjuicio directo a su integridad física.

Frente a esta resolución, el Ministerio de Defensa interpuso recurso contencioso-administrativo que fue desestimado en primera instancia y cuya apelación fue también desestimada salvo por un desafortunado matiz que introdujo la Audiencia Nacional: la información debe darse pero solo respecto de vuelos que se hubieran producido a partir del 10 de diciembre de 2014, día en que entró en vigor la Ley de Transparencia. A juicio de la Audiencia, el nacimiento del derecho marcaba también la fecha de la información que podía ser solicitada, interpretación que, como ha venido ahora a confirmar el Supremo, crea un límite adicional, por la vía jurisprudencial al derecho de acceso a la información.

Las consecuencias de la sentencia de la Audiencia Nacional, ahora anulada, implicaban, a juicio del CTBG, no solo una restricción al concepto de información pública de la Ley de Transparencia (información que obre en poder del sujeto al que se dirige la solicitud en el momento en que esta se plantea) sino a la propia práctica de la Administración que, hasta entonces, habían interpretado dicho concepto de información pública en el sentido que ahora se ha confirmado: si bien el ejercicio del derecho solo puede realizarse a partir de la entrada en vigor de la norma que lo ampara, su objeto puede referirse a cualquier información que, en el momento en que se presenta la solicitud, esté a disposición de la Administración.

El pronunciamiento del Tribunal Supremo es esperanzador y esperemos que motivador de cambio de ciertas actitudes restrictivas o limitativas del derecho de acceso

El Tribunal Supremo, como decimos, ha venido a aclarar la confusión generada por la sentencia objeto de casación y que ha servido para que −si bien, de forma limitada− haya sido utilizada como argumento para denegar información previa a diciembre de 2014. Los términos de la sentencia del Supremo, al igual que la anterior y que mencionábamos al comienzo, referida a los costes de participación en Eurovisión, vuelven a ser tajantes y, por lo tanto, esperanzadores respecto de la posición que vaya a mantener en los diversos recursos de casación aún pendientes de resolución y que afectan a cuestiones clave como la posibilidad de que los sindicatos pidan información al amparo de la Ley de Transparencia o el conocimiento de las retribuciones de directivos de la CRTVE.  Así, según la sentencia, “el reconocimiento del derecho de acceso es general y los límites expresos y específicos» y, en tal sentido, con la Ley de Transparencia «se pretende hacer una regulación general, completa y acabada del derecho de acceso a la información pública»,  por lo que no procede crear por vía jurisprudencial un límite −relacionado con la antigüedad de la información que se solicita− que la Ley no establece.

Como digo, un pronunciamiento esperanzador y esperemos que motivador de cambio de ciertas actitudes restrictivas o limitativas del derecho de acceso. Un avance, en definitiva, de todos y para todos que nos fortalece como sociedad y que impulsa la mejora de nuestras Administraciones. Seguimos.

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Esperanza Zambrano es subdirectora general de Reclamaciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG).

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