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El derecho de acceso a la información pública sobre el coronavirus durante el estado de alarma

Miguel Ángel Blanes, doctor en Derecho y experto en transparencia y acceso a la información pública.
Miguel Ángel Blanes

La reflexión que os planteo es si la declaración del estado de alarma ha suspendido los plazos de tramitación de las solicitudes de acceso a la información pública.

Os adelanto mi opinión, con carácter general: sí que han quedado suspendido los plazos, salvo que la solicitud tenga por objeto el acceso a la información pública relacionada con la grave situación provocada por el coronavirus.

Me explico. Como sabemos, el estado de alarma fue declarado el pasado 14 de marzo y se ha prorrogado, de momento, hasta las 00:00 horas del próximo 12 de abril.

La Disposición Adicional Tercera del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por la covid-19, declara, con carácter general, la suspensión de los términos y la interrupción de los plazos para la tramitación de los procedimientos de las entidades del sector público.

El estado de alarma vacía absolutamente de contenido real el derecho de acceso a la información pública precisamente durante un periodo en el que es muy importante saber lo que está pasando»

No obstante, en el apartado 4, se atribuye a las entidades del sector público la siguiente facultad:

«(…) podrán acordar motivadamente la continuación de aquellos procedimientos administrativos que vengan referidos a situaciones estrechamente vinculadas a los hechos justificativos del estado de alarma, o que sean indispensables para la protección del interés general o para el funcionamiento básico de los servicios (…)».

Entiendo que este precepto autoriza a las entidades públicas a continuar con la tramitación de las solicitudes presentadas con anterioridad y durante la vigencia del estado de alarma, puesto que se trata de acceder a información pública relacionada con la covid-19, esto es, con los «hechos justificativos del estado de alarma».

Y, en mi opinión, no se debería interpretar como una mera facultad de las entidades públicas. Si entendemos que no están obligadas a continuar con la tramitación de las solicitudes de acceso a la información pública relacionadas con el coronavirus, llegamos a dos conclusiones que deben ser rechazadas por absurdas:

a) El estado de alarma vacía absolutamente de contenido real el derecho de acceso a la información pública precisamente durante un periodo en el que es muy importante saber lo que está pasando, al margen de la información que se publique de forma activa por parte de las entidades públicas en las páginas web oficiales. Esta suspensión no tiene ningún sentido en un estado democrático de derecho.

Si al plazo normal de respuesta de 1 mes, ampliable por otro, le sumamos los 30 días que, como mínimo, va a durar el estado de alarma, más el posterior plazo de 3 meses para resolver las reclamaciones si no se facilita la información y, en su caso, posterior pleito judicial, se retrasa en exceso el acceso a una información pública de gran interés general.

b) Las personas que trabajan en los medios de comunicación y en las agencias de noticias de titularidad pública y privada han sido consideradas como servicios esenciales (apartado 11 del Anexo del Real Decreto-ley 10/2020, de 29 de marzo, regula un permiso retribuido recuperable para las personas trabajadoras por cuenta ajena que no presten servicios esenciales, con el fin de reducir la movilidad de la población en el contexto de la lucha contra la covid-19).

Y la pregunta es obligada: ¿Cómo van a desarrollar su trabajo los periodistas si se considera que los plazos de tramitación de las solicitudes del derecho de acceso a la información pública están suspendidos durante el estado de alarma?

No tienen ningún sentido. Lo lógico sería al revés. No solo que no estuvieran suspendidos, sino que los plazos se hubieran acortado por razones de urgencia para permitir un acceso más rápido a la información por parte de quienes acrediten que trabajan en los medios de comunicación o agencias de noticias.

No solo no deberían suspenderse los plazos, sino que se hubieran acortado por razones de urgencia para permitir un acceso más rápido a la información a los periodistas»

No hay que olvidar que los periodistas son pieza clave en una democracia. Contribuyen a mantener informada a la opinión pública y a luchar contra la indeseada desinformación generada por las noticias falsas.

La declaración del estado de alarma puede limitar el ejercicio de ciertos derechos fundamentales, pero no suspenderlos, ya que ello es más bien propio del estado de excepción.

Si entendemos que las solicitudes de acceso a la información pública relacionadas con la covid-19 presentadas antes y durante el estado de alarma están suspendidas, quedarían vacíos de contenido los siguientes derechos fundamentales: a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión (artículo 20.1.d), a participar en los asuntos públicos (23.1) y a acceder a la información pública cuando lo ejercita un cargo electo (concejal, diputado o senador).

El Tribunal Constitucional, en su sentencia 83/2016, de 28 de abril, ha recordado que  la suspensión de derechos fundamentales solo se puede producir durante la declaración de los estados de excepción y sitio, pero no durante el estado de alarma en el que nos encontramos.

En consecuencia, entiendo que las solicitudes de acceso a la información pública relacionadas con la covid-19 presentadas antes y durante el estado de alarma no están suspendidas en su tramitación.

Hemos perdido una gran oportunidad para avanzar en nuestro sistema democrático. La normativa aprobada para regular el estado de alarma debería haber contemplado la tramitación de urgencia de las solicitudes de acceso a la información sobre la covid-19 presentadas por los medios de comunicación y agencias de noticias, con un plazo de respuesta de cinco días, ampliable a un máximo de diez. Pero quizás eso todavía nos quede muy lejos para nuestra joven democracia.


Miguel Ángel Blanes es doctor en Derecho y experto en transparencia y acceso a la información pública.

Crisis sanitaria, no crisis en transparencia

Esperanza Zambrano, subdirectora general de Reclamaciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno.
Esperanza Zambrano

En estos días en que millones de españoles nos encontramos confinados en nuestras casas como consecuencia del estado de alarma declarado por la crisis sanitaria de la covid-19, no podemos dejar de pensar en la importancia de estar debidamente informados del desarrollo y evolución de esta pandemia. La transparencia, más que nunca, es un factor clave no solo para ayudar a los ciudadanos a protegerse del virus —y de ahí la insistencia de las campañas informativas institucionales que emiten todos los medios de comunicación— sino también para que nuestros responsables públicos nos generen confianza en sus acciones y en que la superación de la crisis es posible y está cerca.

La información a los ciudadanos es esencial para evitar la proliferación de bulos que con tanta frecuencia se difunden estos días por redes sociales y Whatsapp, pero entiendo que también es importante el envío de mensajes claros, coordinados entre los departamentos responsables y expresados en un lenguaje entendible para todos los destinatarios. No hay nada más potente contra los bulos o fake news que la veracidad y claridad en el mensaje. Si sabemos que existe información pública clara y veraz y dónde es posible obtenerla, podremos combatir la desinformación que se propaga por las redes y que solo nos confunde y desorienta.

También vemos estos días cómo proliferan las comparecencias de diferentes responsables públicos de distinto nivel que aportan datos y cifras e informan de las medidas que están siendo adoptadas por sus Departamentos. En mi opinión, la necesaria transparencia en la evolución de la situación y en las actuaciones que se están llevando a cabo no debería conllevar un exceso de datos e información que, inevitablemente, contribuya a la confusión y a posibles contradicciones. Como apuntaba en esta misma web hace unas semanas, transparencia no siempre se traduce en proporcionar mucha información, sino en hacerlo de forma clara, estructurada, entendible y, teniendo en cuenta la situación que ahora acontece en nuestro país, yo diría que adaptada a las circunstancias a las que la información va referida.

Esta crisis pasará y, aunque sus consecuencias perdurarán, esperemos que una de ellas no sea que se resienta la necesaria rendición de cuentas por la actuación pública»

La claridad en la información que se aporta es esencial para que sea comprensible por sus destinatarios. Comprobamos estos días cómo organizaciones vinculadas a la transparencia y al acceso a la información han puesto en marcha iniciativas para traducir a un lenguaje claro las medidas adoptadas por el Gobierno. La Fundación CIVIO es un ejemplo de ello y resultan muy interesante las fichas que publica en su página web sobre las medidas que se han aprobado relativas al coronavirus. Este ejercicio, aparentemente sencillo, no ha sido realizado por nuestras autoridades sino por organizaciones de la sociedad civil comprometidas con la transparencia en las decisiones públicas, fundamental más aún en estos momentos para aportar confianza y seguridad jurídica.

Pero transparencia es también proporcionar información de interés a la ciudadanía y no solo aquella que desde el poder público —según criterios que no tienen que coincidir, y en muchas ocasiones no lo hace, con los de los ciudadanos— se considera relevante. Buenos ejemplos proliferan estos días pero me parece especialmente destacable el trabajo que está realizando la Junta de Castilla y León, a través de su Dirección General de Transparencia y Gobierno Abierto, al aportar en formato de datos abiertos información sobre la evolución de la epidemia en su territorio (incidencia por tramo de edad, por tramo de edad y sexo, en los servicios de atención primaria, etc.) así como otros datos relacionados o vinculados a la pandemia, como son los relativos a los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) que se han presentado motivados por la covid-19.

El estado de alarma decretado tiene también otras repercusiones, quizás a las que la ciudadanía en general es más ajena pero no por ello son menos importantes. Así, desde el 14 de marzo, los plazos administrativos y procesales —salvo los vinculados con la adopción de medidas derivadas del estado de alarma o los procedimientos judiciales relacionados, básicamente,  con la protección de derechos y libertades fundamentales— se encuentran suspendidos. Esta suspensión, en relación con el ejercicio del derecho de acceso a la información pública reconocido en la Ley de Transparencia, tiene una implicación fundamental: el plazo para resolver una solicitud de acceso queda interrumpido desde el 14 de marzo hasta el 11 de abril, fecha —al menos de momento— hasta la que se prolongará el estado de alarma. Con ello, cualquier solicitud de acceso a la información que se plantee estos días sobre decisiones públicas relacionadas con la crisis de la covid-19 tendrá una respuesta, como pronto, en el mes de mayo. Una fecha que, claramente, no se corresponde con la necesidad inmediata de transparencia que necesita esta situación y que se ve agravada por la ausencia de un ejercicio generalizado de transparencia proactiva de información de interés.

Aunque el confinamiento hace imposible el normal desarrollo del trabajo, sería deseable una identificación de las solicitudes vinculadas a esta crisis y darles prioridad en la respuesta»

Por ello, y aunque el confinamiento que se deriva del estado de alarma hace incompatible el normal desarrollo del trabajo vinculado a dar respuesta a una solicitud de información, sí entiendo que sería deseable una identificación de las solicitudes vinculadas a esta crisis y darles prioridad en la respuesta. Y esperemos que esta respuesta haga real la máxima expresada en el Preámbulo de la Ley de Transparencia: «La transparencia, el acceso a la información pública y las normas de buen gobierno deben ser los ejes fundamentales de toda acción política (…). Permitiendo una mejor fiscalización de la actividad pública se contribuye a la necesaria regeneración democrática, se promueve la eficiencia y eficacia del Estado y se favorece el crecimiento económico».

Esta crisis pasará y, aunque sus consecuencias aún perdurarán, esperemos que una de ellas no sea que se resienta la necesaria rendición de cuentas por la actuación pública, más aún cuando están vinculadas a una cuestión de interés general como es la salud pública.

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Esperanza Zambrano Gómez es subdirectora general de Reclamaciones del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG).

Aprovecha la cuarentena: cursos gratuitos ‘on line’ de datos, visualización, podcast…

El confinamiento puede ser duro pero también puede convertirse en una oportunidad para dedicar tiempo a los cursos que de forma gratuita se están ofertando, por ejemplo, desde algunas de las universidades más prestigiosas del mundo. Son los llamados MOOCs (Massive Open Online Courses, por sus siglas en inglés).

Además, el New York Times, que está siguiendo un intenso programa de formación en periodismo de datos extensivo a todos sus redactores en cursos de tres semanas, sabiendo que no todos los medios pueden contar con los mismos recursos para hacer algo similar, ha decidido liberar una importante cantidad del material que se usa o que se ha generado durante las diferentes rondas de los cursos.

Más información aquí.

MOOC

Brown, Harvard, Cornell, Princeton, Dartmouth, Yale, Columbia, Pensilvania ofrecen cursos on line gratuitos de todo tipo de disciplinas: programación, ciencias de los datos, humanidades, arte y diseño, salud y medicina. Los cursos son gratuitos en cuanto a su seguimiento pero añaden la posibilidad de lograr además un certificado por una cantidad que oscila de media entre los 40 y los 100 dólares. Por citar algunos ejemplos que pueden resultar especialmente interesantes para periodistas de investigación y datos:

Python para Investigación, Universidad de Harvard.


Ciencia de los datos: fundamentos de R, Universidad de Harvard.


Estadística para ciencia de los datos, Universidad de Columbia.


Ciencia de los datos: visualización, Universidad de Harvard.



Y en esta página de freecodecamp.org puedes encontrar una recopilación de una larga lista de estos cursos ofrecidos por prestigiosas universidades.

Laboratorio de Periodismo

Por otro lado, los compañeros de Laboratorio de Periodismo están haciendo otra interesante recopilación de cursos, algunos de los cuales se celebraron en tiempo real pero han quedado ahora a disposición de quien quiera retomarlos aprovechando estas semanas. Aquí el enlace.

Algunos ejemplos:
Periodismo de datos y visualización con herramientas gratuitas.
(Alberto Cairo, Simon Rogers y otros).


Radio para internet con Podcast: creación y conceptos básicos.
(Universidad Politécnica de Valencia).


Newsletter para periódicos: estrategia y casos de éxito.
(Lluís Cucarella).

Sembramedia.org

Igualmente, Sembramedia.org tiene una recopilación de cursos on line que incluyen opciones tan interesantes como la escuela de Radio Ambulante: http://escuelaradioambulante.org/

Son sólo algunas propuestas de cursos en abierto que podemos seguir estas semanas de confinamiento en casa mientras contribuimos a contener el Covid-19.

Libros.com

La editorial Libros.com también ha decidido facilitar las descargas de su colección, entre los que se encuentra una línea dedicada al periodismo de investigación. Los interesados pueden acceder a las obras de este sello en el siguiente enlace: https://libros.com/listas/libros-digitales-liberados/

En periodismo no vale todo

Por su interés informativo, reproducimos el artículo que Antonio Rubio, presidente de la Asociación de Periodistas de Investigación (API), publicó en El Mundo el pasado 3 de febrero.

Gabriel García Márquez dijo en una ocasión que «una primicia no la da quien primero la pública, la da quien primero la cuenta con exactitud». Y otro maestro de la talla del anterior, Albert Camus, avisó que «lo importante no es ser primero, lo importante es ser el mejor». Los dos fueron periodistas y premios Nobel.

En octubre de 2017, cuando era vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), organizamos unas jornadas de debate en CaixaFòrum cuyo título era: ‘Volver al periodismo, clave del futuro de la profesión’.

En uno de esos encuentros el tema central fue Medios digitales: la transformación digital, un reto pendiente de resolver. Capacidades de gestión y creación de contenidos informativos. Aquel día, uno de los ponentes defendió y argumentó que «lo importante es publicar el primero, como sea, y después ya iremos adaptando y actualizando».

La filosofía que rige en un sector significativo de los medios de comunicación no tiene nada que ver con lo que estudié, practico, enseño y defendemos en la API a través del Código de Buenas Prácticas»

El pasado 27 de enero, dos referentes del periodismo mundial como John Witherow, director de The Times, y Martin Baron, de The Washington Post, recibieron el premio de Periodismo Internacional de El Mundo. Y tuvieron una charla-coloquio con los profesionales de Unidad Editorial y los alumnos de los másteres de Periodismo y de Periodismo de Investigación y Datos y los dos coincidieron con los planteamientos de Albert Camus y García Márquez: «Lo importante es la calidad, la excelencia y la profundidad».

Entre el ayer y el hoy, el Periodismo ha vivido múltiples transformaciones técnicas, pero lo que no podemos cambiar ni debemos olvidar, nunca, es la máxima que encabezaba aquellas jornadas: «Volver al Periodismo, clave del futuro de la profesión». Y lo que nos han recordado Witherow y Baron: «Calidad y profundidad».

El «como sea» de aquella reflexión periodística me hizo pensar, primero, y, después, despertar del sueño que había vivido durante muchos años de profesión y docente. Supe y reparé que la filosofía que rige en un sector significativo de los medios de comunicación no tiene nada que ver con lo que estudié, practico, enseño y defendemos en la Asociación de Periodistas de Investigación (API) a través del Código de Buenas Prácticas.

Algunos piensan que «en Periodismo vale todo» si eso te lleva a tener más clic, más audiencia. Otros pensamos, consideramos y defendemos que «en Periodismo no vale todo» y que es importante «documentar, acreditar, verificar y practicar la diligencia informativa» hasta los extremos o límites que la «verdad periodística», que no la verdad absoluta, te lo permite.

En la actualidad se habla de fake news, de noticias falsas. No es cierto, lo que hay y existe es «desinformación». Además, los ciudadanos/lectores han perdido su capacidad de lectura reflexiva (entiéndase también telespectadores, radioyentes y otros…). Hoy, tristemente, en los medios de comunicación priman dos cuestiones fundamentales: dinero e ideología. Y se nota la ausencia de otras dos: profesionalidad y ética.

Cada día es más fácil ver cómo algunos mal llamados periodistas cortan y pegan noticias de otros sin citar y además manipulan y adaptan. Falta la figura del editor que debería contrastar y verificar»

Un número importante de medios buscan los clics como sea y al precio que sea porque eso son ingresos. Y en la segunda se busca proporcionar a tu audiencia ideológica lo que quieren leer aunque la realidad sea otra. En España lo hemos visto y vivido tanto en el 11-M en Madrid como en los atentados del 17-A en Barcelona.

Cada día es más fácil ver cómo algunos mal llamados periodistas cortan y pegan noticias de otros sin citar y además manipulan y adaptan. Y ahí falta la figura del editor que debería contrastar y verificar. Ese editor, que debería ser un profesional con experiencia y demostrada capacidad, está desapareciendo de las redacciones porque es caro y los empresarios buscan resultados y no calidad. Y, por último, la ética. Algunos, incluso, se preguntan qué es eso. Falta y mucha.

Llegado a este punto, el de la desinformación y la falta de rigor, hay que recuperar y recordar a otros dos grandes del Periodismo: Daniel Santoro (Argentina) y Jorge Cardona (Colombia). Santoro, maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), periodista de investigación y escritor, nos recuerda: «La atribución de fuentes permite que el lector conozca la procedencia de la información. Citar la fuente da credibilidad y honestidad intelectual».

Jorge Cardona, periodista, filósofo, editor de El Espectador y docente, señala que «la gran debilidad del Periodismo es la memoria». Y va aún más lejos: «Mi sueño es un periodismo lleno de memoria. Cuando yo insisto tanto en el contexto es por la memoria». Cardona es autor de la obra Días de memoria.

No todo es negativo. Hay profesionales comprometidos que levantan la bandera del buen periodismo y señalan a los que practican e intentan hacer dinero con la ‘desinformación’ o fake news«.

Pero no todo es negativo. Afortunadamente, y ante esa situación de «todo vale», han surgido movimientos y profesionales comprometidos que levantan la bandera del buen periodismo y señalan a los que practican e intentan hacer dinero con la «desinformación» o fake news.

En España tenemos a Maldita.es («Periodismo para que no te la cuelen»), un excelente portal de un grupo de jóvenes emprendedores, encabezados por Clara Jiménez y Julio Montes. La mayoría de ese equipo se formó en el Máster de Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de El Mundo y la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). En la misma línea que Maldita.es está Newtral y al frente de ella una periodista de referencia, Ana Pastor. Esta plataforma y productora, en la que también está la semilla del Máster, se dedica -entre otros temas- a la verificación de noticias y datos (fact-checking) y ha puesto en marcha una línea de investigación e inteligencia artificial.

También es interesante recordar y leer al profesor Raúl Magallón, de la Universidad Carlos III, que ha publicado un interesante estudio/libro sobre «Cómo combatir la desinformación. Un faking news«.

Para combatir la «desinformación», fake news, la falta de «memoria y de citas» y ese argumento de que «en periodismo vale todo» hay dos excelentes antídotos: «Formar para informar» (filosofía de los másteres que dirijo) y el «Código de Buenas Prácticas de la Asociación Periodistas Investigación (API)».

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Antonio Rubio es presidente de la Asociación de Periodistas de Investigación (API), doctor y director de los másteres El Mundo/CEU y Periodismo Investigación y Datos/URJC.

Aplazado el II Congreso de Periodismo Local por el coronavirus

La organización del II Congreso de Periodismo Local ha confirmado el aplazamiento de la cita, que iba a celebrarse los días 26 y 27 de marzo en Arteixo (A Coruña), debido a la crisis del coronavirus. Ahora se buscan fechas alternativas para que el encuentro pueda celebrarse.

Co-organizado por La Voz de Galicia y la Asociación de Periodistas de Investigación (API), con Google News Initiative y Abanca como patrocinadores, el congreso había despertado un gran interés entre profesionales de la información y estudiantes de Periodismo. De ello da fe el hecho de que más de 300 personas -muchas de fuera de Galicia- habían formalizado su inscripción para asistir a las distintas ponencias, algunas a impartir por miembros de la API.

La cancelación se ha producido después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) diera la consideración de pandemia al Covid-19 y cuando las autoridades sanitarias españolas han endurecido las medidas restrictivas en un intento de contener la propagación del virus. Haber mantenido la celebración en las fechas entrañaba un riesgo innecesario.

A la espera de que se fije una nueva fecha, el II Congreso de Periodismo Local -la primera edición se desarrolló en Cádiz en diciembre de 2018- sigue los pasos del XXI Congreso de Periodismo Digital, anunciado para esta semana en Huesca y que se ha pospuesto a finales de octubre por la misma circunstancia.

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